lunes, 31 de enero de 2011

Capítulo nosécuantos: Los Regalos (Primera parte)

Queridos lectores,

Hoy voy a contaros una historia de mi infancia, eran los alocados años ochenta, esa década de hombreras imposibles, de movidas madrileñas y de series míticas como El Equipo A, en resumidas cuentas una década bastante cutre salchichera, pero como es la década en la que me tocó crecer... pues como que le tengo cariño.

Andaba yo atribulado en mis pensamientos infantes cuando una horrible visión captó mi atención, tras un escaparate se encontraba la enorme figura de ébano de un guerrero Masai (no sé si era Masai, pero africano era seguro)  lanza en ristre y de la punta de la lanza colgaba un cártel que decía "Se hacen listas de bodas." Primero me asombré ante lo horripilante de la estatua que tenía ante mí y luego raudo y veloz pedí a mis progenitores que me explicaran con premura que era una lista de bodas. En estado de shock me quedé cuando me explicaron en que consistía el invento y traumatizado de por vida al pensar en que mente enferma podría querer tener a ese horrible guerrero adornando el salón de su casa.

Los años han pasado y esta historia se la he contado a muchos de mis amigos y seguro que más de un cabroncete está removiendo cielo y tierra para conseguirme la susodicha figurita, tantas veces lo he contado que temo juntarme con un ejército que ríete tú del ejercito de terracota de Xian.

Toda esta introducción viene mucho al caso porque los regalos que se suelen hacer en las bodas tienen un denominador común, son horripilantes y por mucho que intentes convencer a la gente de tus gustos siempre hay alguien que se desmarca con algún regalo "original"

Por ejemplo, yo sé de buena tinta (aunque ella lo niegue) que mi madre está deseando regalarme una vajilla inglesa decorada con una bucólica escena campestre o una cristalería de bohemia, las madres son así, te quieren con todo su corazón, pero cuando se dedican a decorar tu casa parece que se quieren vengar de los dolores que provocaste en el parto. Vamos a ver, mi casa está hecha con muebles de Ikea y mi salón lo presiden un Warhol, un Magritte y un póster caricaturesco de Pulp Fiction, así que colar en mi casa una vajilla inglesa y una cristaleria de bohemia es igual de consecuente que colocarle a un Cristo un turbante y un Kalashnikov.

¿Y cómo podía olvidarme del regalo estrella de las bodas? La bombonera, en sus versiones de plata, de cristal o incluso combinadas es la cosa más inútil que ha parido madre y encima cuesta una pasta indecente. Analicemos el producto ¿Para qué sirve una bombonera? Seguro que tú, avispado lector, estás pensando "Pues para guardar bombones so imbécil" pues no sé en otras latitudes pero tras un duro verano en la meseta te aseguro que en la bombonera ya no hay bombones, hay fondue de chocolate, por eso la mayoría de los orgullosos poseedores de una bombonera la llenan de caramelos, pero aquí no acaba el horror bomboneril, si te encuentras en tu camino con una bombonera échale valor y levanta la tapa... lo más probable es que te encuentres dentro un caramelo toffee que lleva ahí dentro desde el siglo XVI, ese caramelo está tan duro que está fosilizado. Además regalar bomboneras es antiguo, está pasado de moda ¿Cómo estoy tan seguro? Pon bombonera en google y si te sale algo que no sea el estadio de Boca Juniors es tu día de suerte.

Bueno amigos, en la segunda parte de este apasionante post os hablaré de los regalos que sí molan en las bodas con la vana esperanza de que el mundo escuche mi lamento.

lunes, 10 de enero de 2011

Ya sé dónde dormir, pero... tendré que comer, no?

A no ser que estéis guardando la línea para el banquete de boda y sobre todo si decidís ir a Salamanca el viernes, es bueno saber dónde se puede comer. Una de las grandes cosas que tiene Salamanca es que da igual dónde te metas a comer, que siempre lo harás bien y a buen precio. No obstante, siempre se agradece saber sitios concretos para no ir dando palos de ciego.
Pues bien, aquí tenéis una pequeña guía:

- Si os apetece comer de pinchos y buena carne, es visita obligada la calle Van Dyck. A lo largo de la calle encontraréis varios bares en los que poder disfrutar de jugosas carnes a la brasa (costillas, pinchos morunos, jamón en salsa, chorizos...) acompañados de una cerveza bien fresquita o de un buen vino. Recomiendo que cojáis la calle desde la Avenida Filiberto Villalobos que es donde están los mejores bares.
- Si no tenéis ganas de estar de pie y os apetece comer en un ambiente agradable, el Restaurante Isidro es vuestro sitio. Situado en el Pozo Amarillo podéis disfrutar de sopas calentitas (en Octubre puede que ya se agradezcan), carnes a la plancha y pescados. El trato es muy bueno y la relación calidad-precio excelente. Si vais con poca hambre os recomendamos que sólo pidáis segundos, porque ponen bastante cantidad.
- En la zona de la Plaza Mayor podéis encontrar varios sitios tanto de pinchos como para comer sentados: el Mesón Cervantes, el Bambú, el Reloj de la Plaza, el Real... La Plaza Mayor esconde grandes lugares que conocer.
- Para los amantes de la trilogía de El Señor de los Anillos podéis disfrutar de una agradable velada en "El Poney Pisador". Este restaurante montando en un piso dispone de varios salones decorados con escenas de las novelas y dispone de menú fijo cada mes. Es fundamental reservar con tiempo, ya que suele ir bastante gente. Podéis consultar su carta en la web: http://www.elponeypisador.es/

Como veis tenéis bastante dónde elegir. Nos habremos dejado muchos sitios en el tintero así que si alguno conoce algún otro sitio os invitamos a que nos lo digáis en los comentarios.

Que aproveche!!

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