Queridos lectores:
Hoy toca hablar de exorcismos, ni estoy de broma ni Iker Jiménez se ha apoderado de este blog. En este día nuboso, queridos amigos del misterio, vamos a hablar de exorcismos... o lo que es lo mismo, de cursos prematrimoniales.
Antes de pasar a cercenar gaznates, cosa que hago muy a menudo por aquí, me veo en la obligación de poneros en antecedentes. No os descubro nada nuevo si os revelo que por amor se hacen muchas gilipolleces pero la mía es la mejor de todas, yo (satánico de profesión) voy a casarme por la iglesia. Este hecho provoca mofa entre mis allegados y creo que mi foto está en la lista de los hombres más hipócritas del año... pero como bien he dicho antes, por amor se hacen muchas gilipolleces y por amor es que me he tragado mi orgullo sin anestesia ni antiácido... eso sí, protesto todo lo que puedo que creo que es muy terapéutico.
Llegados a este punto muchos pensaréis "¿Satánico tú? pero si eres una persona de lo más normal" la verdad es que llamarme satánico es una exageración, pero digamos que, como casi todo el que ha estudiado en un colegio religioso, tengo una relación un tanto tensa con la santa madre iglesia. Pasarme años rodeado de gente experta en terrorismo emocional, acosándome con su repetitivo "únete a nosotros" y empeñándose en que me sienta culpable acabó hartándome hasta tal punto que al llegar a cierta edad decidí que lo mejor era que el Vaticano y yo separáramos nuestros caminos.
El caso es que hace algunos meses tuve que pasar por el trance de dos días de cursos prematrimoniales y de volver a enfrentarme a los fantasmas de mi pasado. Fuimos al lugar de tortura en el cual se encontraban un montón de parejas... algunos tenían la misma cara de terror que yo, otros de incertidumbre y la mayoría de "qué cojones hago yo perdiendo un fin de semana" pero lo peor estaba por llegar, os juro que la sangre se me heló y mi corazón dejo de latir cuando apareció por la puerta el némesis de todo satánico. ¿No sabéis de quién os hablo? Son inconfundibles, todos llevan camisa de cuadros, jersey de pico, pantalones de pana y unos calcetines que nunca pegan con sus deportivas de marca desconocida, sin duda estoy hablando de uno de los seres más peligrosos que pululan por nuestro planeta... El curita "enrollao". Me costó recuperar el control sobre mí mismo, pero no me quedaba otra opción, los curitas enrollaos huelen el miedo, así que hice de tripas corazón y aparenté estar tranquilo... afortunadamente, mi mortal enemigo sólo estaba allí para hacer funciones de logística.
Me las prometía yo muy felices cuando mi némesis abandonó la sala pero lo que nos esperaba era aterrador, teníamos que aguantar una serie de ponencias con títulos tan interesantes como "La vida en pareja", "El matrimonio y la fé" o "el significado intrínseco del amor" peeeero tenía truco, si traducimos a lenguaje normal los títulos obtenemos lo siguiente "La vida es sufrimiento, sufre con nosotros", "¿Te has flagelado ya? Pues deberías, pecador de mierda" y mi favorito "¿Haces cosas que te gustan? pues deja de hacerlas porque disfrutar es pecado". Sin embargo, la mejor charla fue la de sexualidad, esa fue de traca... todo un señor doctor diciendo que el preservativo era pecaminoso y que lo mejor para evitar embarazos era comprobar el estado del moco vaginal antes de ponerse al tema, desde luego si a mí me piden comprobar el estado de un moco vaginal, lo que hago es pillar el primer avión al culo del mundo y montar allí un negocio de alquiler de motos de agua para turistas.
Afortunadamente, años de entrenamiento me ayudaron a superar el trance del primer día, ya había oído esas consignas una y mil veces y venía preparado para lo peor, es más, tenía preparado un “Plan B” que incluía la sangre de un cabrito para dibujar un pentagrama y una calculada dosis de Mentos y Coca cola light para provocar que me saliera espuma por la boca mientras citaba los miles de nombres del maligno, por suerte no tuve que utilizarlo. Lo malo fue que mi futura esposa no se esperaba este tipo de encuentro y salió ofendidísima con el clero, el Vaticano y los santurrones que nos dieron las charlas y de haber tenido a mano un bidón de gasolina os aseguro que habría quemado un convento... Menos mal que se pudo aplacar con Lambrusco su recién estrenada personalidad revolucionaria.
Fuimos a la segunda jornada de encuentros con el cuchillo entre los dientes cual Pirata del Caribe (por cierto, un peliculón) pero no fue para tanto, la charla nos la dio un sacerdote con mucha labia y muy respetuoso, podrías no estar de acuerdo con lo que decía pero lo decía tan bien... y además no se metía con nadie. Tras la charla/homilía vinieron otros dos santurrones, uno de ellos guitarra en mano... yo que he dedicado mucho tiempo a las seis cuerdas os puede decir que antes de tocar este instrumento en público es imprescindible distinguir tu guitarra de una pandereta, cosa que este simiesco individuo no tenía muy claro y tampoco le estaban pidiendo que tocara una cantata de Bach o un solo de Satriani... sólo tenía que tocar como es debido tres puñeteros acordes.
Frustraciones guitarrísticas aparte, el segundo día fue ligero, pillamos nuestro certificado y salimos de allí como alma que lleva el diablo y con la firme intención de no volver jamás.